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Jueves, 23 de Junio de 2011 22:33



Si se pudiera techar México, todo sería museo…
Eusebio Dávalos

 

MuñecasCon sus vistas de ruinas cubiertas por la maleza, espesura bajo la cual se vislumbraba la arquitectura monumental de antiguas y enigmáticas civilizaciones, exploradores europeos del siglo XIX como Teoberto Maler, Desiré Charnay, Alfred Maudslay y Maurice de Perigny, contribuyeron a moldear un estereotipo de lo que entonces todavía se consideraba el “Nuevo Mundo”, particularmente de un exótico suelo mexicano.

Estos pioneros del registro arqueológico, pese a los rigores del clima y las limitaciones de la aún experimental técnica fotográfica, lograron panorámicas de estructuras y vestigios arqueológicos varios, localizados lo mismo en la selva maya, que en los Valles Centrales de Oaxaca o en las alturas del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl…, imágenes que poco después fueron conocidas dentro y fuera del país.

A más de un siglo de distancia, la fotografía continúa siendo un recurso vital para el conocimiento de estos lugares, no sólo por parte de antropólogos y arqueólogos, sino de cualquier interesado en atisbar los rincones de ciudades prehispánicas que florecieron hacia los cuatro puntos cardinales de lo que hoy llamamos México.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), desde su fundación en 1939, ha cumplido con la misión de investigar y conservar los testimonios monumentales del pasado, pero también emprende la tarea de difundirlos entre la sociedad mexicana. Actualmente, y luego de su puesta en valor a partir de trabajos interdisciplinarios, México tiene 181 sitios arqueológicos abiertos al público.

La exposición fotográfica México, territorio arqueológico tiene por objeto mostrar una selección del rico patrimonio arqueológico que se despliega a lo largo y ancho del país, a través de 126 imágenes capturadas en 42 zonas arqueológicas, la mitad de ellas inéditas. Inéditas en dos sentidos, primero porque no han sido publicadas antes y, segundo, porque presentan un ángulo novedoso, un encuadre irrepetible, con una iluminación que sólo se consigue cuando las zonas arqueológicas están desiertas, cuando duermen todavía las ciudades ancestrales.

Los autores de este conjunto visual son los fotógrafos de la Dirección de Medios de Comunicación del INAH: Mauricio Marat, Héctor Montaño y Melitón Tapia, cuyas imágenes vienen acompañadas por textos del arqueólogo Luis Alberto Martos, que logran la síntesis del saber arqueológico, la pasión literaria y la mirada experta.

El recorrido de la exhibición, además de las propuestas estéticas personales de los propios fotógrafos, ofrece al visitante nuevas miradas sobre la aurora y el ocaso en Paquimé, Chihuahua, donde la arquitectura de tierra en armonía con la luz crea un misterioso juego de luces y sombras. Asimismo, permite vislumbrar la sobriedad del Templo de las Inscripciones, en Palenque, Chiapas, un monumento funerario dedicado al reposo del gobernante maya Pakal II; la amplitud del Patio Hundido de Cañada de la Virgen, en Guanajuato; y la eterna grandeza de la Teotihuacan, “donde los hombres se convierten en dioses”, en el Estado de México; todo ello, a través de fotografías que redimensionan lo aparente.
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Las ciudades prehispánicas y su entorno natural es un gran tópico que no pasa inadvertido en esta exposición. La intensidad de los tonos verdes en Guachimontones y Tajín; la vegetación exuberante en Quiahuiztlán y Toniná; la presencia generosa del agua en Tulum y Bocana del Río Copalita, de muy reciente apertura; así como las formas fascinantes en Tzintzuntzan y Altavista; nos transportan en el tiempo y nos hacen imaginar cómo convivían nuestros antepasados con su entorno.

Imágenes que detienen el romper de las olas sobre las rocas de Las Labradas, en la costa sur de Sinaloa, donde más de 300 petrograbados registran antiguas huellas del hombre, se entrelazan con las vistas de singular belleza logradas en Tammapul, una zona virgen, apenas en investigación, en el estado de Tamaulipas.

Las fotografías que componen México, territorio arqueológico —en su mayoría a color—, están distribuidas conforme dos principios. De cada una de las zonas arqueológicas expuestas fueron elegidas tres fotografías, una de ellas de carácter panorámico, otra más donde se observan detalles o espacios restringidos del sitio en cuestión y, finalmente, una toma dedicada a la construcción o alguna de las edificaciones más emblemáticas del mismo.

La muestra se presenta en núcleos temáticos, conforme a las regiones en que está dividida la República Mexicana. Está destinada a propiciar el disfrute estético, sin soslayar la información más relevante sobre la historia y filiación cultural de los asentamientos prehispánicos.

México, territorio arqueológico quiere ser también un testimonio de la labor incansable de los especialistas del INAH de poner en valor y preservar el rico legado cultural de los mexicanos.

 

 

Francisco de Anda Corral
Héctor Montaño Morales

Última actualización el Jueves, 23 de Junio de 2011 23:50
 
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